—¿Lo duda usted?
—A mí no me tocar dudar...
—¿Quiere usted decir, entonces, que yo debo dudar? ¿Y por qué?... Usted ha denunciado un crimen: el crimen está probado. Usted no ha sabido decir cuál de los dos posibles autores del delito fuese realmente culpable, toda vez que ambos eran capaces de delinquir: ¡la culpable se acusa a sí misma!... ¿Querría usted decir quizás que la sola confesión no basta? ¡Yo lo sé! Pero eso es cuando no está comprobada. Un loco puede declararse autor de un delito, mas no podrá dar las razones de su acto, ni explicar sus circunstancias. Pero aquí ¿no está explicado todo? ¿La declaración del otro no la confirma?... ¿O niega usted fe a esta prueba?
—Sí—prorrumpió Vérod, cuyas dudas habían ido creciendo hasta manifestarse con precisión, robustecidas por las curiosas preguntas del juez.—Sí; le niego fe, como usted también se la niega, porque esa declaración no es desinteresada, desde que el que la dio tenía en mira su propia libertad; porque no solamente un loco puede declararse autor de un delito que no ha cometido, sino también aquel que quiere sacrificarse...
—¿Entonces, usted sostiene?...
—Sostengo—añadió el joven rápidamente, como si quisiera no darse el tiempo de pensar en lo que decía, y para hablar se venciera a sí mismo:—sostengo que esa mujer se sacrifica por amor, por celo sectario; que el asesino aprovecha de su sacrificio para asegurarse la impunidad. Digo que el asesino es él, que no puede ser otro que él...
Sí; Vérod tenía que decir eso. La voz del perdón se callaba; esa voz jamás había hablado. Aquello había sido un sueño, una alucinación. La verdad era otra: el ser amado yacía bajo tierra, las manchas de su sangre no se habían borrado aún; la sangre pedía venganza, y él debía obtenerla.
—¿Por qué no lo dijo usted antes? ¿Por qué vaciló al principio?
—Porque aún no sabía, porque no había reflexionado lo bastante; porque usted no creía en el delito y todas mis fuerzas se concretaban a negar el suicidio.
—¿De modo que no sólo ese hombre habría matado, sino que llevaría su infamia hasta dejar condenar a una inocente?