—¿Usted es el Príncipe Alejo Petrovich Zakunine? ¿Dónde nació usted?

—En Cernigov, en 1855.

—¿Ha sido usted condenado alguna vez?

—Fui condenado, por conspiración; a relegación en Siberia; después he sido graciado y expulsado de Rusia.

—¿No ha sufrido usted una condena más grave?

—Todos los sucesivos castigos que se han dictado contra mí se han confundido en la pena capital, por alta traición y regicidio.

—Ya ha oído usted de qué le acusa Vérod.

A estas palabras, la sangre enrojeció el rostro del Príncipe, y sus ojos volvieron a brillar.

—¿Qué contesta usted?

Zakunine se oprimió la frente con las dos manos, como queriendo reprimir su cólera, y luego dijo: