—¿Por qué cree usted que no?

—Quería mucho a la señora cuando se conocieron. La quería locamente. ¡La consoló tanto de sus dolores!

—¿Qué dolores?

—La señora sufría, estaba mortalmente dolorida. En el espacio de pocos meses había perdido a su padre y a su marido, se había quedado sola en el mundo. También el señor Conde murió de una manera espantosa, aplastado por un tren.

—¿Pero después la trató mal el Príncipe?

—Sí; ofendió sus creencias; la abandonó; pero eso no es una razón para sospechar tan horrible cosa.

—¿Se acuerda usted cuándo, cómo y por qué comenzaron los malos tratos?

—En Italia, cuando el señor fue expulsado de nuestro país.

—¿Cuánto tiempo hace de eso?

—Hace dos años. ¡Había sido tan grande la esperanza de que allá fuera más bueno, y más suyo!..