—Pues es raro, porque dicen que tiene usted talento.
—Gracias. También dicen que lo tiene usted.
—Sólo, pues, los dos, ignoramos mutua y directamente esto que dicen. ¿Quiere que intentemos convencernos?
—Bien.
—Hablemos, entonces, por primera vez. Las otras seis no sirven para nada. Hablemos... con franqueza. ¿Usted es capaz?
—¿Por qué no, querido primo?
—¡Oh, no... no es usted capaz!... ¡Siéndolo, habría dicho... odiado primo!
—Le encuentro testarudo, a más de fatuo.
—Menos mal. Ya con eso empieza a serme franca. Correspondo, y digo que usted no era sincera al afirmar que no me conocía antes de casarme. Me conoció usted en el tranvía. Hace lo menos dos años.
—No recuerdo. ¿Quiere tener la bondad?...