—Es posible. Como usted.
—Porque tienen las almas fronteras de desconfianza y de malicia.
—Exacto—me concede—. Y el ideal fuese poder decirlo todo de alma á alma, desde lo nimio hasta lo enorme, sin malicias ni recelos.
¿Qué horizontes de luz clarea, al decirme esto, la vida de aparente paz de la criatura?... No lo sé. Tomada de recóndita tristeza, pónese á juguetear con la medalla de la Pura que pende en su garganta. Seducción de misterio divinamente humano para la torpeza de mis ojos, que no saben penetrar lo que, como en mí, en el destrozado por todas las brutalidades y rigores del mundo, con ansias perpetuas de expansión y con condena de perpetua inconfesión pudiese también guardar de «enorme» la niña ruborosa. ¡Oh!, pero la torpeza de mis ojos la ve entera palpitar; el corazón me grita, al menos, que su ansia de cándidas sinceridades difíciles es la misma que mi difícil ansia de sinceridades miserables, y en otro impulso de vehemencias, y en la creciente admiración á su espíritu exquisito, cierto de que nada podrá quedar fuera de la comprensión de ella, le pido á la mujer que ocultábaseme en el ángel:
—¿La placería á usted poder hablar así... conmigo? ¿Ser mi inmensa amiga del alma siempre, siempre... siempre?
Y tiemblo, en seguida. He sido imbécilmente impetuoso. A la rara mariposa que estaba oculta en la crisálida, tímida de todos, por nadie sospechada, quizá ni por su madre..., la he asustado. Rehácese en un suspiro que es casi un sollozo, y tornada á la faz la inconsciencia indiferente de la niña, con su grácil andar de minué se vuelve á la tertulia de su madre y de los curas.
Yo, como si me hubiese quedado un rayo de la luz etérea de su alma en proyección á los abismos, sigo contemplando el fulgor de plata que Júpiter derrama por el mar.
VI
No sólo porque les iban saliendo caras (cuentas terribles, en el bar—de champaña, chartrés, jamón, cigarros turcos), sino también porque los trasnocheos con trueque final de camarotes tomaban proporciones de escándalos, acerca de los cuales les hubo de llamar la atención el capitán, mis amigos abandonaron á Placer y á Eyllin hace días.
Pero á las que por sorda imposición de las damas honorables y orden del sobrecargo fueron expulsadas del comedor, ahora, á la semana, casi las reverencian las damas honorables. Así, para oirlas cantar, el pasaje entero está recluído en el salón. A iniciativas de Lambea se ensaya la magna fiesta con que se solemnizará el paso de la Línea.