—¿Cuáles?
—La música, el piano, por ejemplo.
—Bella cosa. Conságrese á la música hasta alcanzar la perfección.
—Pinto algo, también, y sé la fotografía.
—Muy bien. Complementos admirables. Quedábamos en que sería hermoso pintar albas.
—Amo, además, el campo y los cultivos por razón de mis estudios.
Estamos charlando como en afable broma.
—Por Dios, Alvaro..., y ¿con tales cualidades y aficiones no ha de saber formarse un poco de ventura?
—No. Son grandes cualidades, quizá, cuando á la vida no le falta la clave de un amor; usted lo tiene en lo divino; yo no lo encuentro por el mundo.
Mi acento ha sido menos ligero, casi severo..., y la toma á ella su severidad, dejándola una sonrisa triste. Como siempre que sospecha el riesgo de una derivación de mi espiritual afecto á otros egoístas, se me esquiva en sutil condescendencia.