Al cabo de un instante inquiere con una especie de remota compasión que la escuda contra cuanto no sea compadecer desde su alteza mis humanos infortunios:
—¿No tuvo usted nunca otro amor que el de aquella novia, que el de aquella Laura?
Y me observa la mujer de comprensión tan hondamente, que yo creería que ven sus ojos en la profundidad de mi corazón los otros dos nombres de amargura que le ha removido la pregunta: el de Ana María (Loló, para Placer—que brutal un día hubo también de recordármelo) y el de Enriqueta.
Cedo á la tentación de descargar mis pesadumbres en la hermana.
—Amor, ninguno más; bajas pasiones, sí—digo—; Laura constituyó el fracaso de la redención de aquellas pasiones mías, y en singular de dos que me mancharon de crimen y de infamia.
Expresado esto con la tranquila convicción de quien ni miente ni exagera, comprendo que lo he dicho en homenaje de heroicos respetos á Rocío. Es la compensación excesiva de la mentira de omisión referente á mi matrimonio; es más aún, porque será la barrera que por propia voluntad establezca entre mis imprudentes sentimientos, posibles á mi pesar, y la que me deba conocer tan vil que jamás pueda otorgarme sino su horror en la inmensidad de sus santas compasiones.
—¡De crimen y de infamia!—ha repetido, crispada y lúgubre, como ya otra vez que no llegué más que á insinuarla la misma confesión.
No lo cree, tal vez, en aquél cuya bondad la ha emocionado viéndole repartir limosnas á los pobres, y una rabia de mi infamia me fuerza á ponérsela completamente al descubierto.
—Perdida la divina fe y con el afán de recobrarla—empiezo á hablar—, ante la Virgen que usted se arrodilla contándola sus dolores inocentes, me he arrodillado yo contándola mis dolores de impudicia. Y, dígame, Rocío, si á la pureza de una Virgen del altar se le pueden revelar impudicias sin agravio, ¿lo habría en que se las repitiese á usted, á la pureza de una Virgen de la Vida?
Calla, siempre con los ojos bajos, siempre con su anhelación de espera, y no tiene que esperar más la así purificada bestialidad de mis recuerdos.