Tomamos en seguida un automóvil.

Volamos á Palermo.

Pero al cruzar en La Recoleta, frente el Palais de Glace, se me ocurre conservar en mis clichés á la gentil patinadora. Mi primera instantánea sorpréndela al bajar del auto con el pie avanzando hacia el estribo.

Media hora. Ella se desliza por el hielo, y yo voy grabando en el veráscopo las graciosas actitudes de sus pies, de sus brazos, de su estatua ágil, á la vez que la sonrisa de su cara dolorosa. ¡Oh, sonrisa que jamás olvidaré! ¡Oh, temblor sagrado el de mis manos, que preparan la vida de mi muerte!... Tiene algo de fúnebremente espantoso, á la verdad, en el desierto skaating, este vuelo de la funámbula que por última vez juega rauda á la sonrisa y al amor delante de quien va á perderla para siempre.

Cuando he impresionado muchas placas, quince, veinte, el afán de sentir cerca de mí la vida de alma que sólo en alma tengo desde anoche, me impulsa á ponerme unos patines y á enlazarla y conducirla. Es un rato, un momento nada más; pero un momento de gloria durante el cual la caritativa se abandona á mis brazos como nunca en los dehors, y durante el cual nuestras manos se oprimen como hierros.

A la una, estamos en Palermo.

Almorzamos en el restorán del lago, á cuyo borde he hecho otros dos retratos de ella y de un cisne atraído por una golosina de sus dedos (símbolo de Leda para la lumbre del recordar de mi memoria), y tras de impresionar más placas en la mesa de champañas y gardenias á la diáfana luz del recinto de cristal, el antojo de tenerla también en un retrato galantemente bella junto á mí, llévame á instruír á su madre y á rogarla que sea ella quien enfoque y dispare esta vez sobre nosotros.

El resto de la tarde, hasta las cuatro, ya que tenemos que vestirnos para la cena y la ópera, porque empieza á las siete Parsifal, lo pasamos en el mismo agrado triste de seguir impresionando placas entre rosas, entre acacias, por los más abandonados rincones de Palermo.

Una camelia de estufa, que compro al paso, cuando regresamos en el auto, es el beso de flor con que pago á la que ya no volverá á darme sus besos.