—La diferencia está... en que amar es más que querer, y más que adorar, y más que apasionarse, ya que todo esto implica solamente insensatez ó ceguedad, efímera locura. Te amo con el amor de la Vida, con el que no es sino la mayor necesidad de perfecciones de la vida; con el que no es al mismo tiempo, acaso, sino una forma de la gravitación universal, y con el que resume, pues, las humanas simpatías más altas: porque compendia las ternuras de la madre, las noblezas de la hermana, la serenidad de la amistad y las atracciones del instinto. Por este amor buscaba la miseria mía sus redenciones en tu inteligencia como amiga, en tus delicadezas como madre y como hermana, y en la divina sensualidad de tu belleza como amante. Sólo él hubiese hecho florecer mi alma de ocioso enfermo á una existencia de ventura y de trabajo bello consagrada á ti, á mí y á los demás..., y sin él volveré á ser el infinitamente desdichado en un mundo de odios donde no encuentra un poco de amor el corazón. Así te amo.
Desde la sombra que me protege he ido siguiendo á la luz de la luna, que llena el severo rostro de Rocío, su expansión de dicha dolorosa.
—Y di, Alvaro, ¿me juzgas digna de ti? ¿Quieres decirme qué cualidades mías te hayan hecho creerme digna de tu amor?
—¡Todas! Tu bondad, tu belleza, tu talento, tus noblezas, tus purezas, tu candor.
Dóblase al brazo de la butaca, como agobiada de bochorno.
—¡Tu candor!—reafirmo, adivinándola el recuerdo de su abandono de anteayer—. ¡Tu candor, por encima de ridículos pudores!
Mi enérgica persuasión no logra más que incorporarla retorcida en sus angustias; tornando á caer hacia el respaldo, me pide:
—Si quieres jurarme que crees en mi bondad, en mis noblezas, en cuanto sabes de mi alma, como creo yo en cuanto sé de la tuya á pesar de lo que ignoraba de tu vida; si quieres jurarme que, á pesar de lo que también tú de mi vida desconoces, creerás en todo aquéllo..., mi alma, sintiéndose tal vez rendir justicia, se lo agradecerá á tu compasión; pero... ¡oh!, no existen mis purezas.
Tiemblo de admiración hacia la tan pura que sin duda se obstina en acusarse porque besó de amor mis labios, porque viéronla mis ojos entregada en el amor, y juro con la mano sobre el pecho:
—Creo en tu alma y en tu vida y tus purezas; ¡en toda tú!