FÁBULA VI

La Gallina de los Huevos de oro.

Érase[278] una Gallina que ponía
Un huevo de oro al dueño cada día.
Aun con tanta ganancia mal contento,
Quiso el rico avariento
Descubrir de una vez la mina de oro,
Y hallar en menos tiempo más tesoro.
Matóla, abrióla[279] el vientre de contado;
Pero después de haberla registrado,
¿Qué sucedió? que muerta la Gallina,
Perdió su huevo de oro y no halló mina.
¡Cuántos hay que teniendo lo bastante,
Enriquecerse quieren al instante,
Abrazando proyectos,
A veces de tan rápidos efectos,
Que sólo en pocos meses,
Cuando se contemplaban ya marqueses,
Contando sus millones,
Se vieron en la calle sin calzones[280]!

FÁBULA VII

Los Cangrejos.

Los más autorizados, los más viejos
De todos los Cangrejos,
Una gran asamblea celebraron.
Entre los graves puntos que trataron,
Á propuesta de un docto presidente,
Como resolución la más urgente,
Tomaron la que sigue:—pues que al mundo
Estamos dando ejemplo sin segundo
El más vil y grosero
En andar hacia atrás como el soguero[281];
Siendo cierto también que los ancianos,
Duros de pies y manos,
Causándonos los años pesadumbre,
No podemos vencer nuestra costumbre:
Toda madre, desde este mismo instante,
Ha de enseñar á andar hacia adelante
Á sus hijos; y dure la enseñanza
Hasta quitar del mundo tal usanza.
—«Garras á la obra[282], dicen las maestras
Que se creían diestras»;
Y sin dejar ninguno,
Ordenan á sus hijos uno á uno
Que muevan sus patitas blandamente
Hacia adelante sucesivamente.
Pasito á paso, al modo que podían,
Ellos obedecían;
Pero, al ver á sus madres, que marchaban
Al revés de lo que ellas enseñaban,
Olvidando los nuevos documentos[283],
Imitaban sus pasos más contentos.
Repetían las madres sus lecciones;
Mas no bastaban teóricas razones,
Porque obraba en los jóvenes Cangrejos
Sólo un ejemplo más que mil consejos.
Cada maestra[284] se aflige y desconsuela,
No pudiendo hacer práctica su escuela.
De modo que en efecto
Abandonaron todas el proyecto.
Los magistrados saben el suceso,
Y en su pleno congreso
La nueva ley al punto derogaron,
Porque se aseguraron
De que en vano intentaban la reforma,
Cuando ellos no sabían ser la norma.
Y es así, que la fuerza de las leyes
Suele ser el ejemplo de los reyes.