— Señor, á borrica arrodillada no le doble Vd. la carga. Crea su mercé que mi niño tiene el pecho desgarradito de suspirar y en la carita surcos de llorar.
— No me venga Vd. con aleluyas. ¡Ya!... el burro que no está hecho á albarda, muerde la atafarra.
— Señor, su mercé que es tan buen cristiano, tan caritativo..., que es el paño de lágrimas de los desdichados...
— No me venga Vd. con gatatumbas.
— El hijo de mi alma, no tiene chichas para el servicio del rey; es endeblito.
— ¡Endeblito! ¡Por via de sanes! Y tiene un rejo como un toro.
— ¡Si lo viera su mercé! ¡Está tan escuchumisado, tan flaquito!
— Sí, sí; lo que está es rajado de gordo.
— Pero, señor, es muy pulido y muy fino para pisar lodos.
— ¡Fino, sí!... Si lo apalean, echa bellotas. ¡Fino! ¡Vea Vd., que se zamarrea de ganso!