— ¡Ganso! ¿Mi Bernardo ganso? Si es un moralista, señor.
— ¡Moralista! ¿Y qué es un moralista, tia sátira?
— Es un estudiante de estudios muy hondos, que se aprenden en un libro que se llama el moral.
— No diga Vd. sinfundos, tia sabijonda; moral no es ningun libro.
— ¿Que no? ¿pues qué es, señor?
— La moral es una buena doctrina sin Dios, como dice mi hermano el Abad.
— ¿Sin Dios?... ¡Ave María Purísima, señor!
— Pues sí señora, por eso es para el entendimiento; así como la doctrina con Dios es para el alma. Entérese Vd. para que no vuelva á decir despropósitos en tono de sentencias.
— Pues sea la que fuere la doctrina, mi Bernardo sabe latines y estudiaba para escribano, y lo hubiese sido, sino hubiesen faltado los cuartos.
— ¡Ya! porque tuvo Vd. presente aquello de: