— Tia, á los piés de Vd.
— A Dios, Bruno; me alegro de verte.
En cuanto á Alegría, la risueña niña no habia fijado aun su corazon, que guardaba como un sultan su pañuelo, dudando aun á quién favoreceria con él. Entretanto recibia incienso como tributo debido, sin que este ofuscase su vista, ni le impidiese distinguir y calificar las manos que se le ofrecian.
Aunque nada le habia dicho su madre sobre el proyectado enlace de su hermana, como esta señora no sabia disimular, y ménos que nada su mal humor, Alegría lo habia comprendido todo al notar las conferencias secretas de ambas, y oir en seguida á su madre hacer á todos un brillante elogio del recomendado de su hermana, el Marques de Valdemar, que habia de llegar en breve, y echar á renglon seguido las mas furibundas indirectas á Constancia, anatematizando á las niñas caprichosas, rebeldes y voluntariosas, raras y díscolas, que no atienden á los consejos de sus madres, y suelen hacer en su juventud disparates que les pesan despues toda su vida.
— ¡Buena tonta es mi hermana, pensaba Alegría, en perder semejante suerte! ¡y eso por ese cena á oscuras de Bruno, que es por cierto un novio á pedir de boca! Bien dice el refran, que no es la fortuna para quien la busca, sino para aquel á quien se viene á las manos.
Cuando Clemencia vino á casa de su tia, como su belleza era tan notable, tuvo una brillante acogida. Una voz general se levantó para celebrarla; por ocho dias no se habló en Sevilla sino de la hermosura y candor de la monjita de Cortegana; en fin, fué uno de esos gritos unánimes y espontáneos de admiracion, que arranca la verdad casi por sorpresa á un mundo, para el que la alabanza es como la limosna del avaro, escasa y dada de mala gana.
En cambio, la acogida que recibió en casa de su tia fué poco cordial. Pero en la primera edad, si no está la naturaleza viciada, hay tan pocas pretensiones, y el alegre y bondadoso carácter de la inocente niña era tan opuesto á ser exigente, que léjos de notar esta falta de cordialidad, no hubo en su corazon sino gratitud y contento.
Poco á poco, y como filtra una gota de agua por un ladrillo, fué como cayeron á manera de gotas de hiel en el corazon de Clemencia, las muestras de indiferencia, de desvío y hasta de desden que fué recibiendo.
Singular es la influencia que ejerce en nuestro sentir la luz en que se ponen las cosas y las personas; singular es, repetimos, la independencia de ideas, que pasa en el trato casi á contradiccion con las ajenas, y la subordinacion de impresiones, que llega casi hasta el propio anonadamiento.
Hemos observado bastante el mundo, y siempre hemos visto esta poderosa influencia, aun en el seno de las familias; y añadiremos que es esto á tal punto cierto y general, que solo la fuerza de la reflexion y el poder del convencimiento al ver la injusticia saltar á los ojos, nos han impedido á veces, ya en bien, ya en mal, ceder á este irresistible impulso, á este general contagio.