— ¿Señor, y los probes qué hemos de hacer? no hay hombre sin hombre. Señor, mire su mercé que dice el refran: Entrañas y arquetas á los amigos abiertas; y mas que sea su mercé rico y un usía muy considerable y de los nombrados, y yo una probe desdichada, soy su amiga, señor... que todos somos hijos de Eva por la carne, así como hijos de Dios por el alma.

— ¿Y me la ha de dejar Vd. en paz hasta que mate el cochino?

— Sí señor, sí señor.

— ¿No he de ver esa cara de Vd. mas fea que el no tener?

— No señor, no señor.

— ¿Y no he de oir esa voz tan desentonada y recia, que parece que está Vd. hueca?

— No señor, no señor.

— Pues dígale Vd. á Miguel Gil que le de un gorrino de cuatro meses, y eche á correr mas súbita que chispa de carbon de fragua.

— Señor... ¡Dios se lo pague y se lo dé de gloria! No, mentira; un señor mas bendito que su mercé no lo hay en el mundo, dijo alejándose la vieja.

— Sí, sí; bien canta Marta cuando está harta, le gritó D. Martin.