— Tú tienes la culpa: ¿por qué le pagas las trampas? Miéntras mas le pagues, mas hará; el derrochar es como la sed de la hipocresía; miéntras mas se bebe, mas sed se tiene.

— Tengo, prosiguió la Marquesa, las hijas mas mal criadas, indóciles y desobedientes...

— Tú tienes la culpa, pues no sabes mantener la disciplina en tu casa.

— Esa Constancia que es la mas díscola, la mas indómita...

— Con pan y agua se ponen mas suaves que guantes, las rebeldes.

— ¡Calla, mujer: si tiene diez y nueve años!... observó la Marquesa.

— Pan y agua son manjares de todas edades, repuso la fiera militara.

— Tengo, prosiguió la Marquesa, á esa Alegría, que no piensa mas que en divertirse: todo el dia me ha estado moliendo para que la llevase á paseo. ¡Para paseos estaba yo!

— No accedas: ¡bien hecho! las niñas, recogidas; que el buen paño en el arca se vende.

— El buen paño en el arca se pica, replicó con aire desvergonzado Alegría.