Clemencia se puso encendida como la flor del granado.

— Tú consentiste, prosiguió Pablo.

Clemencia bajó confusa los ojos, y calló.

— Pero yo, Clemencia, añadió Pablo... rehusé!

Clemencia quedó confundida.

— Y rehusé, Clemencia, prosiguió Pablo, porque tú hacias un sacrificio grande en casarte conmigo, y yo uno cruel en negarme á ello; y quise que el sacrificio estuviese de mi parte, y no de la tuya; esto prueba que te amaba y sigo amando sin esperanzas, Clemencia; y el amor que vive sin alimento, esto es, sin esperanzas que le sostengan, es de alta esfera, é inmortal como el alma!

Hubo un rato de silencio. Pablo tenia la respiracion oprimida.

Dos gruesas lágrimas cayeron lentas por las mejillas de Clemencia.

— Esto te lo digo, Clemencia, prosiguió Pablo, cuya voz alterada salia con dificultad de su pecho, porque nos vamos á separar y quizas para siempre! A no ser así, no me hubiese atrevido á ello; pero he querido que ya que no me tengas amor... me tengas gratitud y lástima!

Diciendo esto Pablo, no pudiendo por mas tiempo comprimir la vehemencia de su dolor, se levantó y salió apresuradamente.