— A esta interesante viuda...
— Bien, ¿á esa interesante viuda?...
— No vayais á pensar que se le busca otro marido, eso no.
— ¿Pues qué se hace?
— Se le enciende una hoguera.
— ¡Una hoguera!!! ¡Vaya una idea! ¿Y qué se le remedia con eso?
— Todos sus males.
— ¿Sí?
— Sí; pues en esa hoguera se quema ella.
— ¡Jesus, María y José! esclamó Doña Eufrasia, poniéndose las manos en la cabeza, ¡qué herejía! ¡qué barbaridad! ¡qué sacrilegio! Eso clamaria al cielo si fuese verdad; pero como se miente hoy dia mas que lo que se da por Dios, no hay que creerlo.