— D. Galo, — dijo la jóven con esa gran ligereza en el hablar que tienen la mayor parte de nuestras jóvenes,—¿qué me dice Vd. del lance de Alegría Cortegana?
— Nada sé, hija mia, contestó D. Galo.
— Podrá Vd. desentenderse; pero no puede humanamente negar el hecho.
— Ni afirmarlo tampoco, hija mia.
— Sois muy prudente.
— Decid mas bien ignorante, Lolita.
— Vd. no sabe lo que no quiere saber.
— ¡Ojalá! así no sabria por mi mal, que una niña tan bella y tierna como sois, Lolita, hija mia, pueda tener un corazon tan insensible, tan cruel y tan inflexible.
— D. Galo, miéntras esteis con lo sensible, y lo flexible á pleito, os pronostico que no bailaréis bien la polka.
— ¿Por qué no, hija mia?