— Porque lo sensible y lo flexible tienen malos resultados en las piernas, y se caerá Vd. como la otra noche en aquella galope de funesta memoria.

— No fué culpa mia. Bien sabeis que Paco Guzman atravesó su baston para hacerme perder el equilibrio. Paco siempre es el mismo; no piensa sino en travesuras, como cuando estaba estudiando; por cierto que era el mas sobresaliente escolar de la universidad.

— Solo que ahora son de marca mayor las travesuras, repuso riendo Lolita, aludiendo al lance de Alegría.

Entraron en este momento algunas personas, entre las que venia un oficial de lanceros, ayudante del coronel del regimiento.

— No se habla en todas partes, dijo este despues de haber saludado, sino del lance de la Marquesa de Valdemar.

Aquí hizo el oficial una relacion exagerada con escandalosos pormenores, supuestos, de lo acaecido que sabemos ya.

— No es cierto, dijo pausadamente D. Galo.

— ¿Es, pues, decir que yo invento? preguntó el oficial que no era de los mas urbanos.

— ¡Dios me libre de pensar en semejante cosa! repuso D. Galo; solo quiero decir que os han inducido en error.

— Un error de que unánimemente participa toda una ciudad, es difícil de combatir.