— Señora, yo no lo pruebo; no estoy tan mal con mis cuartos.
— Tampoco has de oler á tabaco; cuidado con eso. Si fumas, que sea en la calle, porque mis hijas no pueden sufrir el olor á tabaco, con particularidad el del malo que tú fumarás.
— Señora, no fumo: no gasto en eso mis cuartos.
— Lo primerito que te encargo, añadió la Marquesa, es el mayor cuidado y las mayores consideraciones con el Mercurio que está en el patio. ¿Lo has visto?
— No he visto á su mercé, usía. ¿Es de la casa?
— Por supuesto; ¿habia de ser de fuera? Le quitaras el polvo con un plumero.
— ¿Con un plumero? ¿No seria mejor con un cepillo, usía?
— No, que podrás dañarle.
— Vamos, tendrá su mercé dolor de osos (huesos).
— Si lloviese ó vieses aparato de lluvia...