— Pero, dijo Clemencia conmovida, mas procurando sonreir, ¿no veis que haceis cálculos al aire? ¿No habeis oido que se ha despedido... porque se va?
— ¡Volverá! contestó el Vizconde con amargura y desden.
— ¿Creeis acaso que yo le llame? dijo Clemencia, que con esta esclamacion se hubiese vendido á sí misma, si aun le hubiesen quedado dudas al Vizconde.
— ¡Ah! no creo que haya una sola española que llamase á su lado al hombre que sin razon se separa de ella; pero Sir George, para volver, si es que se va, buscará pretestos y hallará razones. Yo le procuraré una con mi ausencia.
— ¡Qué! ¿tambien partís?
Aunque Clemencia dijo esto con pesar, por sus ojos asomó, cual la luz de un fugitivo relámpago, una vislumbre de satisfaccion.
— ¡Sí, Clemencia! mi suerte está decidida, respondió de Brian; con luchar contra ella, solo conseguiria hacerla mas cruel, y á mí mas importuno. Voy á América, ya que esta cobarde é inerte Europa amándolos, deseándolos, ansiando por ellos como por su tabla de salvacion, abandona á sus reyes, y no encuentra un leal y esforzado realista donde ir á dejarse matar, no por la causa del órden, sino por la causa del bien. No tardaréis en saber mi muerte, Clemencia. ¡Nadie me llorará!... pues que mi pobre madre murió al darme el ser, mi adorado padre por la bala de un revolucionario, mi hermano al golpe de un puñal alevoso, y mis infortunados abuelos espiraron en la guillotina. Pero vos, Clemencia, único amor que llevaré á la tumba, vos al ménos... ¡compadecedme!
El Vizconde quiso proseguir; pero no pudo, y escondió su rostro entre sus manos.
— ¡Oh Vizconde! dijo Clemencia, por cuyas mejillas caian lágrimas. ¡Cómo me estais haciendo sufrir! ¿Porqué me habeis amado?
— ¡Sí! decís bien, ¿porqué os he amado? Pero yo digo: ¿porqué os conocí? pues conoceros y amaros eran una sola cosa. El amor hácia vos nació sin que lo sembrase la voluntad, ni lo cultivasen esperanzas, como hace el dia por la presencia del sol; porque vos, Clemencia, reunís cuantos méritos y atractivos existen para inspirar amor. Os he amado, porque resumiendo en vos todas las virtudes y todos los mas bellos dotes femeninos, esparcís la felicidad que de ellos dimana, al rededor vuestro, como una flor su fragancia; os he amado porque nunca vi juntas tal inocencia y tanta madurez; os he amado porque unido á vos, mi vida hubiera sido un encanto, ¡y porque á vuestro lado lo presente habria sido tan bello, que habria olvidado llorar lo pasado y ansiar por el porvenir!