— ¿Es triste ó alegre?—¿Pertenece á la alta ó baja política?—¿Es jocosa ó fúnebre?—¿Es auténtica ó apócrifa?—¿Es de luengas tierras?—¿Es indígena?—¿Es redonda?—¿Ha venido por telégrafo?
— Es, respondió D. Galo, dejando que se restableciese el silencio, para dar todo su peso y solemnidad á su respuesta, es inesperada, imprevista, sorprendente y estraordinaria.
— Ea pues, decidla, esclamó Lolita.
D. Galo calló, luciendo su mas resplandeciente sonrisa, prolongando así el dulce momento en que era el punto céntrico de la atencion general.
— D. Galo, dijo uno de los concurrentes, sois como el reloj de Pamplona, que es fama que apunta, pero no da.
— D. Galo, ¿quereis convertirnos en papanatas? esclamó impaciente la curiosa Lolita.
— No, opinó un jóven estudiante; Pando quiere ser diputado, y se ensaya en el arte de hacer efecto.
— Dejad á D. Galo Pando, á quien viene mal el nombre como á mí, que en mi vida he tenido un dolor de cabeza, el de Dolores. Rojas, contadnos qué tal hicieron anoche el tio Caniyitas.
Al oir mentar la zarzuela de moda, Rojas, que era un filarmónico, se puso á talrarear:
Las solteras son de oro,
Las casadas son de plata,
Las vïudas son de cobre,
Y las viejas de hojalata.