— ¡Pura adulacion á las solteras! dijo Lolita; el garabatillo de las viudas es mucho mas atractivo que los famosos y nunca bien ponderados quince abriles, que han inventado los poetas despechados, porque los veinte mayos no les hacen caso.
— En confirmacion de lo que decís, en cuanto á las viudas, hija mia, dijo D. Galo, que aprovechó la ocasion que se le escapaba de lanzar á la publicidad su famosa noticia, os diré que se casa una viudita.
D. Galo suspendió su comunicado, volviendo en torno suyo unos ojos, en los que procuró poner toda la chuscada indígena.
— ¿Quién es la infeliz? dijeron ellas.
— ¿Quién es el engañado? añadieron ellos.
— ¡Qué premioso sois! esclamó Lolita.
— Le favoreceis... que es pesado, opinó Rojas.
— Guarde Vd. su noticia para escabeche, dijo levantándose Lola.
D. Galo, que vió que por segunda vez perdia la oportunidad y la atencion, repuso:
— Pues sabed que se casa Clemencita.