— ¡Pero eso es enterrarse en vida! esclamó Alegría horripilándose.
— Si se entierra la mujer que se propone vivir en el hogar de sus mayores al lado del esposo á quien ama, y dedicarse allí á criar los hijos que Dios les diere, creo, Alegría, que toda buena casada vestirá con alborozo la mortaja de esa sepultura. ¡Pues qué! ¿Piensas acaso que la mujer al tomar estado, sigue la senda natural y derecha, si en lugar de pensar en recogerse, en dedicarse á los santos y dulces deberes de esposa y madre, reniega de ellos y solo piensa en entregarse á las diversiones, al bullicio, al mundo esterior y á las distracciones? ¿Así truecas los frenos? ¿Así desvirtúas la santa mision de la mujer?
— Novelerías morales, repuso Alegría. ¿Con veinte y cinco mil duros de renta, vivir en un villorro? ¡Vamos, vamos! Eso es no solo chabacano, sino estúpido, y no se ve mas que entre nosotros.
— Te equivocas, Alegría; en todas partes, y sobre todo en Alemania, viven las familias nobles en sus estados ó en sus haciendas, y solo pasan temporadas en las capitales, en los sitios de baños ó viajando; nosotros tambien pasaremos temporadas fuera, ya por Semana Santa en Sevilla, ya en el verano en los baños; pero abandonar la casa solariega, eso nunca: seria una falta de aprecio y amor filial á la familia, y una degeneracion, pues no es noble el que es descastado.
— Lo venidero no está escrito; le has tomado el gusto á Sevilla: veremos lo que sucede en comiéndote el pan de la boda; y si entónces piensas aun, á lo Butibamba, que es degenerar no vivir en un villorro. ¡Vaya, vaya! yo que creí que los libros servian, no para fomentar, sino para desarraigar añejas preocupaciones!...
— La lectura bien dirigida, prima, sirve para poner cada cosa en su lugar, y desterrando una necia vanidad, dar á las personas el decoro y dignidad que le son propias. Ademas, el pan de mi boda, añadió Clemencia con íntima satisfaccion, es el que se fabrica diariamente en gran cantidad en casa para nosotros, para los criados y dependientes de la casa y para los pobres, y cada año Dios renueva las cosechas; así pienso que durará mucho, Alegría.
— Sara, repuso esta con enfática ironía, Dios te dé veinte Jacobs, los años de vida á tu Abrahan que al otro, y te libre de una Agar.
— No te deseo que seas feliz, le dijo Constancia, pues sé que lo serás cuanto es dable serlo en este mundo, puesto que has hecho tu pasado tan bueno y tan santo, como te has sabido preparar tu porvenir. Tu conciencia y tus esperanzas, ambas puras y santas, te sonríen á un tiempo: así, solo pido á Dios prolongue una felicidad que debe serle grata.
— ¡Eh! dijo Alegría, con este parabien místico y laudatorio no necesitas mas epitalamio. Váyase Apolo con su murga á freir monas al Parnaso; que aquí se está por el monte Sion. Por mí te congratularé con la elegante frase de moda, diciéndote: Pues te casas, séate el santo yugo ligero; pues tendrás fruto de bendicion, séate la carga de los hijos ligera; pues te entierras en vida, ¡séate la tierra ligera!
Pocos dias despues volvió Pablo, y se fijó el dia del casamiento. La víspera se halló Sir George en la calle á D. Galo. Este, que aun no estaba del todo repuesto del susto que le habia dado Sir George en la mañana que hemos referido, quiso evitar su encuentro torciendo por una boca-calle; pero Sir George apresuró el paso, lo alcanzó y lo paró.