— ¡Mire Vd. por dónde me es imposible serviros, señor D. Jorge! Y á fe mia que lo siento; pero Guevara ha exigido de Clemencita que no reciba regalo alguno de nadie. Una sola escepcion se ha hecho, prosiguió D. Galo con íntima satisfaccion y gran orgullo, una, una sola, una única... y esa ha sido con... mi tarjetero, señor D. Jorge.
D. Galo se estiró los picos del chaleco.
Sir George calló un rato, y dijo despues:
— Pues decidle al ménos que fué mi intencion enviarle un brillante que encierra para mí un triste recuerdo; deseando que tuviese para ella uno grato, recordándole un amigo. Decidle que si ella desdeña las memorias, yo lo deploro, pues me priva, al partir, del consuelo de que conserve una mia.
— Todo se lo diré testualmente, señor D. Jorge: confiad en mí, que tengo buena memoria y mejor voluntad; en cuanto á la otra potencia, no puedo competir con vos ni con Clemencita, lo conozco; pero en fin, en esta ocasion no es necesaria.
— No, no, repuso Sir George, no es necesaria, y estaria absolutamente demas.
Sir George estaba muy léjos de haber dado este paso, llevado por su corazon, ni por un sentimiento tierno y triste.
Eran los móviles que le dirigian en esta ocasion, primeramente tener noticias exactas sobre el hombre que Clemencia habia preferido, las que nadie podia darle como D. Galo, que era el mas imparcial y justo juez en la materia, porque nunca mentia ni en contra de sus contrarios, ni en favor de sus amigos: el segundo objeto que tenia, era probar á quien pudiese tener sospechas de su amor á Clemencia, que muy léjos de sentir despecho, era él el primero en celebrar el enlace de su amiga con un obsequio; y por último, lo que hacia era por una especie de presuncion vanidosa, deseando borrar la impresion de su grosera carta, y dejar en la memoria de una mujer del valer de Clemencia, el recuerdo suyo bello, poético, é interesante como lo es la tristeza de un amor desgraciado, y el arrepentimiento de un noble pecho.
Sir George salió aquella noche para Cádiz.
A la mañana siguiente despues de volver de la iglesia, se casaron Clemencia y Pablo en casa de su tia, y partieron para Villa-María.