»Recordemos que dice San Agustin: Agradamos á Dios, cuando su voluntad nos agrada. Y que San Bernardo dice que es una vergüenza ser miembros delicados, bajo un Jefe coronado de espinas.»

Releia á menudo en uno de sus libros de devocion aquellas palabras que tratan de los deberes de las casadas, y se embebia de esta cita de San Agustin, que así dice:

«Mónica obedecia á su marido como una sirviente á su amo, y se esmeraba en ganarle á Dios, exhortándole con sus ruegos y con sus buenas costumbres, cuya santa hermosura obligó á su marido á respetarla, y se la hizo grata y admirable. Toleró por mucho tiempo la mala conducta de su marido, sin hacerle reconvenciones, aguardando la hora de que obrase en él la misericordia de Dios.»

¡Oh madres! dad buenos libros á vuestras hijas, y obligadlas á leerlos. Si bien jóvenes y felices, los leerán con mas respeto que atencion, mas por obligacion que por placer; no le hace; no desistais; porque el dia de la prueba germinará en sus corazones aquella hermosa semilla, como el trigo que se echó en tierra en un dia de sol crece vigoroso el dia de los temporales.

Sucederá que aquellas palabras santas, leidas con infantil distraccion, quedarán por el pronto invisibles en el corazon, como los caracteres estampados con tinta simpática; pero llegada la hora de la prueba, cual un fuego abrasador, saldrán claros, netos y enérgicos aquellos santos testos, mitigando las llamas que solo habrán servido para purificarlos.

Personas hay en el mundo, de las que se cree que hacen el bien por instinto, y no es sino por la virtud de aquel gérmen, puesto en sus corazones en su niñez; gérmen tan rico y fecundo, que aunque sembrado por una mano torpe y floja, y caido en un terreno ligero y seco, echa raíces, como lo hace la yedra en una pared de piedra. ¡Y puede haber quien dude que gérmen de tal naturaleza, y que tales frutos da aun sin cultivarle, sea divino!

¡Cuántos jóvenes hay que dicen al perdonar una injuria, y favorecer á un enemigo: Hago esto porque soy filósofo! — No; lo haces, porque te criaste católico.

Que dicen: Huyo del fango de los vicios, porque soy moral. — No; lo haces, porque te criaste religioso.

Que dicen: He hecho un sacrificio, me he privado de un goce, por tal de aliviar una miseria, porque soy filántropo. — No; lo has hecho, porque te criaste cristiano.

Esto es si son sinceros en dar un noble orígen á sus acciones buenas, y no ocultan bajo aquellas palabras la vanidad, el respeto humano, y la hipocresía; pues solo la religion crió aquellas virtudes, hijas ingratas que se emancipan, vuelven la espalda á su madre, y se unen á sus enemigos para combatirla, todo por espíritu de rebeldía, ese frenesí del entendimiento.