«Hija muy querida:

»No soy pendolista ni palabrero; pero no hay que serlo para decirte con pocas y verdaderas palabras que tanto mi señora como yo, que conocemos tus circunstancias, lo bien que lo has hecho con el trueno de mi hijo (Dios le haya perdonado), y que hemos quedado solos como troncos sin ramas, deseamos tenerte á nuestro lado, como compete á la viuda del solo hijo que Dios nos habia dejado.

»Vente, pues, con tus padres, á esta tu casa. Tú serás nuestro consuelo, y cuanto hacer podamos se hará para procurártelo á tí.

»Adios, hija: no soy mas largo, por lo que arriba dejo dicho, que no soy pendolista; pero sí tu padre que te estima y ver desea

Martin Ladron de Guevara

Miéntras Clemencia, llena de consuelo y satisfaccion, leia esta carta, tenia lugar entre la Marquesa y su amiga Doña Eufrasia una conversacion confidencial que debia arrastrar grandes consecuencias.

Despues de entrar esta intrépida consejera intrusa, y saludar á la Marquesa con su infalible Dios te guarde, le preguntó:

— ¿De quién es una carta que ha recibido la viudita?

— ¿Clemencia, una carta? No sé ni acierto de quién pueda ser.

— ¡Ya! si tú no sabes en punto á lo que pasa en tu casa, de la misa la media.