— ¿Tú tambien te quieres meter á discreto, tú que no pareces de la familia de los Guevaras, sino de los Alonsos, que eran treinta, y todos tontos? ¡El demonio se pierda! Déjate de latines, Pablo, que la zamarra y la borla de doctor hacen unas migas como un toro y un pisaverde. A tus agujas, sastre. ¿A qué lo echas de pulido, si eres fino como tafetan de albarda?

Y se ponia á canturrear, cosa á que era muy afecto:

San Pedro como era calvo
A Cristo le pidió pelos,
Y Cristo le respondió:
Déjate de pelos, Pedro.

CAPITULO III.

Nunca pudieran hallarse caracteres y genios mas distintos y desapareados, que los que la suerte habia reunido bajo el techo de D. Martin de Guevara, y nunca tampoco se hallaron otros mejor avenidos. Las cosas tienen diversas faces, la vida variadas sendas, los hombres distintas y diferentes inclinaciones, sin que por esto se desavengan entre si, cuando no obran en ellos el espíritu hostil y las malas pasiones del dia, que nacen del mal estar de una época calenturienta como la nuestra, que desprecia lo pasado, odia lo presente y se asombra del porvenir.

En lo que unánimemente concordaban, era en amar á Clemencia, como todos los pechos aspiran y aman el suave y balsámico ambiente de la primavera.

Tanto ella como Pablo habian desarrollado admirablemente su inteligencia con la sábia enseñanza y elevada influencia del Abad, de ese hombre superior, mina de oro que esplotaban ambos, cada dia con mas placer y mas provecho.

El Abad por su lado se gozaba en su obra, á medida que iba viendo á sus sobrinos crecer en saber, cultura y virtudes.

Pero en quien debió el suave iman que impregnaba á Clemencia, ejercer mas su influencia, era en Pablo, que ademas de tener paridad de alcances y simpatías de corazon con ella, estaba en la edad en que estos afectos suben á pasion en el hombre, unas veces para su bien y enaltecimiento, y otras para su mal y su corrupcion.

Mas Pablo era un hombre modesto, tipo poco comun, pero que no obstante existe, aunque no se aprecie, y pase desapercibido; porque la verdadera modestia, todo lo bueno oculta, hasta á sí misma. Ademas estos hombres no se hallan generalmente en el teatro del mundo que bulle; son hombres casi siempre designados con el nombre de oscuros, hombres apegados á su hogar y á un pequeño círculo de amigos á que se concretan.