—¡Viva el comandante, viva el comandante!—gritó todo el concurso—; y tú, Manuel, que lo sabes hacer, echa una copla.

Manuel cantó la siguiente:

Mira, hombre, lo que haces
casándote con bonita;
hasta que llegues a viejo,
el susto no te se quita.

Después que se hubieron cantado algunas otras coplas, dijo el que la echaba de gracioso:

—Manuel, cantan esos unos despilfarros que no llevan idea ni consonante; tú, que sabes decir las cosas en buen versaje, y más cuando estás calamocano, echa una décima en regla a los novios, y toma este vaso de vino para que te se ponga la lengua espeíta.

Manuel tomó el vaso de vino, y dijo:

Ven acá, quita—pesares,
alivio de mi congoja;
criado entre verde hoja,
y pisado en los lagares;
te pido de que me aclares
esta garganta y galillo
para brindar a los novios
empinando este vasillo.

—Ahora te toca a ti, Ramón del diablo, ¿te ha embotado el licor la garganta?; estás más soso que una ensalada de tomates.

Ramón tomó la guitarra y cantó:

Cuando la novia va a misa
y yo la llego a encontrar,
toda mi dicha es besar
la dura tierra que pisa.