—Carezco de datos para responderos—contestó el magistrado—. Es punto que no ha merecido llamar la atención de Zúñiga, Ponz, don Antonio Morales ni Rodrigo Caro.
«¡Qué ignorante!», pensaba el barón.
«¡Qué pregunta tan tonta!», pensaba el oidor.
—Tenéis una prima lindísima—dijo el príncipe a Rafael.
—Sí—respondió este—, es una Ondina de agua de rosa, a quien si el amor no dio un alma, en cambio se la dio un ángel.[27]
—¿Y ese general que está jugando y que tiene un aspecto tan distinguido?
—Es el Néstor retirado del Ejército. No tenéis en Pompeya una antigüedad mejor conservada.
—¿Y la señora con quien juega?
—Su hermana, la marquesa de Guadalcanal, una especie de Escorial; es un sólido compuesto de sentimientos monárquicos y monacales, con un corazón, panteón de reyes sin trono.
En esto se oyó un gran ruido. Era el mayor, que al levantarse para ir a reunirse con Rafael, había echado a rodar una maceta.