—¿Por eso se van?—preguntó Anís.

—Por eso—afirmó su hermana.

—¡Yo las quiero más...!—dijo Pepa.

—¿Por qué?—preguntó Anís.

—Porque has de saber—respondió la niña:

Que en el monte Calvario
las golondrinas
le quitaron a Cristo
las cinco espinas.
En el monte Calvario
los jilgueritos
le quitaron a Cristo
los tres clavitos.

—Y los gorriones, ¿qué hacían?—preguntó Anís.

—Los gorriones—respondió su hermana—, nunca he sabido que hicieran más que comer y pelearse.

Entre tanto, Dolores, llevando a su niño dormido en un brazo, había puesto con la mano que le quedaba libre, la mesa y colocado en medio las batatas, y distribuido a cada cual su parte. En su propio plato comían los niños; y Stein observó que Dolores ni aún probaba el manjar que con tanto esmero había confeccionado.

—Usted no come, Dolores—le dijo.