Su vida social ha sido, por lo tanto, más bien retraída que pródiga. Buen hijo, mejor esposo y padre, correctísimo ciudadano, y fiel guardador de la moral en todas sus manifestaciones, cuando muera legará a sus hijos un nombre sin mancha, orlado con los laureles de sus triunfos artísticos y de las buenas obras, que ha practicado y practica incesantemente desde el jardín oculto en donde, desde su juventud, cultivó siempre la flor hermosa de la libertad.
Cuando se le trata por primera vez, es imposible juzgarlo, porque dentro de la corrección de formas, producto de su cultura y educación, no se muestra expansivo, sino más bien reservado; pero a medida que se cultiva su amistad, la escarcha que encubre su noble ser, descongelándose al calor de una recíproca lealtad y compenetración de ideas, permite apreciar la delicadeza de un alma buena; como de artista al fin.
Ese es el hombre, que ya en el descenso de la vida humana, se sostiene firme en el pináculo de la artística.
Dueño Colón empezó muy joven a producir; y, como lo hicieran casi todos los compositores de aquella época, dió a los géneros bailable y religioso, las primicias de su inspiración.
En sus primeras composiciones, se destacaba la originalidad de las ideas, aunque la demasiada simetría en la métrica de los fragmentos y frases, defecto en que incurren todos los principiantes y sobre todo los que, sin preceptores han hecho estudios de la composición, le impedía desarrollar completamente los pensamientos.
Las religiosas, y entre ellas recordamos una salve para voces y orquesta, carecían del misticismo que las caracteriza, saturándolas, por el contrario y principalmente en los efectos de la instrumentación, del sabor profano que predomina en la lírica escénica.
Citamos estos defectos en sus primeros pasos de compositor, expresamente, para poder aquilatar mejor, la exquisita corrección de sus obras posteriores. Él mismo nos decía, en ocasión en que le recordábamos algunas de sus primeras danzas, "no me las nombre siquiera, que me avergüenzo de haberlas escrito." Ingenuidad que le eleva, pues es reveladora del conocimiento que tiene de sí mismo, y de su modestia.
Sin abandonarlos, se apartó un poco de los géneros citados, y abordó el lírico-teatral, poniéndole música a una zarzuela en dos actos, letra de Don Genaro de Aranzamendi, titulada: "Los Baños de Coamo", que fué estrenada, con gran éxito, en el teatro Moratín, que en la calle de la Luna, de San Juan, estuvo abierto durante se hacía la transformación interior del antiguo municipal, en la forma que todavía conserva.
Persuadido de que el ambiente de Puerto Rico no es propicio, para que literatos y músicos se esfuercen en producir obras para la escena, que aún cuando resulten acabadas, todas tienen efímera existencia, sin otro producto que el de felicitaciones y aplausos la noche del estreno, y cuando más en la reprise de éste, y habiéndose hecho cargo de la contabilidad de la casa comercial de Vías, Soler y Co., en la que continuó por más de 20 años, a pesar de los cambios de la razón social, dejó descansar, por poco tiempo, la pluma artística, hasta que, volvió a tomarla, con mayor suma de conocimientos y en pleno idilio de amor, por estar en los prolegómenos de su matrimonio, cuando el Ateneo hiciera la convocatoria para su primer certámen literario-musical, en 1877.
En él obtuvo Dueño su primer triunfo, pues le adjudicaron, merecidamente, la medalla de oro y diploma de honor, primer premio, por una obertura para orquesta, estilo rosiniano, titulada La Amistad.