El alguacil, ni tardo ni perezoso, y obedeciendo a la voz de su amo, fué y agarró por un brazo al maestro para sacarlo del salón. Al sentir la mano del corchete sobre su brazo, lo repelió con fuerza diciendo: "¡Yo puedo permanecer aquí, porque soy el Maestro de Capilla!"

El Corregidor que oyó ésto, se puso de pié y gritó con arrogancia al guardia: "No ande usted con más contemplaciones y lléveme a ese maestro de capilla a la cárcel."

Y lo llevaron a la cárcel. Así como suena.

Y si no es porque vino en su auxilio Aurelio Dueño—padre del que esto escribe y gran amigo y admirador de Gutiérrez—probablemente hubiera dormido aquella noche en la cárcel el autor de Guarionex.


El 24 de abril de 1876 se embarcó el maestro con rumbo a Europa, habiendo sido pensionado por la Diputación Provincial y el Ayuntamiento para que visitara la exposición de Viena. La noche antes de embarcarse sus discípulos le llevaron una serenata, en la que se cantó un himno cuya música había compuesto el maestro italiano don Rosario, Aruti. La letra del himno, que va a continuación, se debe al numen del poeta Manuel Dueño Colón, hermano del autor de estas líneas.

ADIÓS

Al Maestro Felipe Gutiérrez.

Despierta Gutiérrez y escucha la dulce,

cordial despedida que entona el laúd;