En marzo de 1910 recibió la confirmación de "primo tenore", en el gran teatro de la Scala de Milán, debutando con Sansón y Dalila. La severa crítica milanesa sólo tuvo para él frases de elogios.
Aida, Lohengrin y Otello, proporcionaron a los concurrentes del teatro Imperial de Budapest, noches deliciosas de arte, al oirlas interpretadas por, "l'enfant galí", como llamaba a Paoli, Oscar Porrán, al hacer, para Il Seccolo de Milán, las reseñas de la temporada de 1911 en la capital de Hungría.
En noviembre de ese mismo año, fué nuevamente contratado por la empresa del Real de Madrid, en cuyo teatro tuvimos la fortuna de oirle cantar Hugonotes, en la tarde del 8 de diciembre.
Paoli, que sin estar orgulloso de sus méritos, sabe aquilatarlos para realizar el puesto que, merecidamente ocupa, es bastante refractario a la previa reclame, circunstancia que, en más de una ocasión, le ha hecho ser juzgado desfavorablemente. Esto, unido que al escriturarse, impuso hacer el debut con Hugonotes, ópera que, por entonces, no agradaba al público madrileño, fué causa de juicios contradictorios en las revistas teatrales que la prensa hiciera.
Pero estando Paoli convencido de que en el Raul de Hugonotes, a excepción de Tamagno, no tenía rival, continuó las representaciones de dicha ópera basta obtener del público concurrente a la tercera representación, que conmovido por la manera inimitable con que expresó el raconto del primer acto, le aclamase delirantemente, haciéndosele visar.
Paoli es tenor dramático absoluto. Su voz clarísima, de timbre cálido, completamente igual en volumen y colorido de todos los registros, adquiere sorprendente vigor en los agudos, sobre todo al filar las cadencias. Su apuesta y arrogante presencia en la escena complementa al artista.
En 1912, con motivo de haber oído el Kaiser Guillermo, de Alemania, un record del Otello, impresionado por Paoli, le llamó por telégrafo para que diese ocho audiciones en el teatro Imperial.
De Alemania pasó, por dos meses, contratado a Buenos Aires, y en 1913 fué escriturado para Barcelona.
Cuando en 1914, se disponía a aceptar una contrata para Rusia, surgió de improviso la funesta y horrible guerra, que actualmente devasta el suelo europeo, y hubo de quedarse, como la mayor parte de los artistas, retirado en el hogar, ya que él por su condición de extranjero perteneciente a una nación neutral, España, no ha tenido que tomar las armas, como le ha ocurrido a otros de su misma talla.
Afortunadamente, su posición económica, desahogada, pues los records fonográficos le producen una buena renta, le permite vivir descansadamente sobre los laureles ganados en su carrera triunfal.