"Por de mas pecado habia!"

Iremos apuntando todas sus provocaciones, y á su debido tiempo con el rasero que nos mida le mediremos. Tenga por cierto que aunque no valemos nada, hasta la fecha nadie se ha divertido impunemente con nosotros.

Las demas vulgaridades que nos enrostra son murmuraciones de mercader sin parroquianos, tanto vale decir editor sin suscritores, y cuyo menor pecado es ser completamente tontas é indiferentes, para valernos de una frase suya.

Son leales, son justos y desinteresados esos ataques entre gentes del mismo oficio?

Finjiremos creerlo, agradeciendo al autor el vivo interés que se toma por las letras.

Dudábamos aun del éxito de la publicacion que tenemos el honor de dirijir; pero al ver los pretestos que se invocan para desacreditarla, empezamos á creer que ha despertado los celos [por no decir algo peor] de los que segun parece necesitan matar á los demas para poder vivir ellos.

Síntoma tan inequívoco empeña nuestra gratitud y nos obliga á hacer dobles esfuerzos para no darles el gran disgusto de verla fallecer en su aurora.

Déjese de impertinencias y haga lo mismo nuestro eminentísimo maestro; cuide mucho no se le muera entre las manos del mal de los siete dias ó de los siete meses el tierno infante que tan soberbios pensamientos le inspira.

Por nuestra parte, léjos de desearle la muerte, hacemos votos porque alcance larga vida y nos revele el tatita la scienza nuova como Vico, ó leyes desconocidas aun como Galilea y Newton.