Habia reunido gran copia de materiales, en periódicos, folletos, memorias y documentos, inéditos, y en tradiciones orales de los hombres que estaban al cabo de los sucesos en que habian sido actores ó testigos. Estaba preparado para utilizar estos elementos.[1] La muerte arrebató á la Patria aquella riqueza intelectual con tanta industria atesorada. "¿Seria acaso un presentimiento el que manifestaba este hombre tan laborioso cuando respondia á sus amigos que con frecuencia le pedian que mirase por su salud,—"Es que veo que se me acaba la vida sin haber hecho nada que quede despues de mí"?...

El 30 de Noviembre de 1842, el Dr. Varela se puso en viaje con toda su familia, de regreso para Montevideo.

Cerca ya del puerto, el buque chocó en un escollo y se fué á pique. Varela y su familia escaparon con gran trabajo de una muerte terrible; pero de todos sus efectos, apénas pudo salvar su caja de papeles históricos, objeto especial de sus cuidados durante el naufrajio.

El Dr. Varela llega á Montevideo, sin tener con que cubrir la desnudez de sus hijos: y la primera noticia que recibe es la del desastre del ejército del jeneral Rivera en el Arroyo Grande. El dia 16 de Febrero el ejército de Rosas ponia sitio á Montevideo; y como las desgracias no vienen nunca solas, en el siguiente mes, y en el espacio de tres dias, Varela perdió una hija, y una hermana muy querida. Su corazon resistió con entereza esta cadena de desventuras. Le hemos oido referir con serenidad todos los accidentes de su naufrajio; le hemos visto soportar con resignacion la pérdida de cuanto poseia, y entregarse en seguida tranquilamente al desempeño de sus nuevas deberes.

Montevideo se preparó á defenderse contra las armas de Rosas, que el jeneral Oribe, temible por sus recientes, hechos, conducia contra su pais. Varela ocupó un puesto entre los defensores; y despues de ayudar con su consejo y su cooperacion al gobierno de la defensa, fué enviado en Agosto de 1843 á Inglaterra con una mision especial, cuyos antecedentes y objeto esplica él mismo en su Diario de Viaje. (Vease Celebridades Arj.)

Antes de ser nombrado para esta mision, el Dr. Varela publicó un nuevo panfleto político, titulado: Sucesos del Rio de la Plata. Su objeto era, demostrar la falta de verdad y de estudio que predominaba en los informes que remitian á los gobiernos europeos sus respectivos ajentes, de donde provenian los desaciertos en que habian incurrido aquellos en sus cuestiones con el dictador de Buenos Aires.

Varela desempeñó su mision con habilidad, pero no consiguió el resultado que habia hecho esperar el Comodoro Purvis, y que era dado prometerse despues de los actos de este, y de las compromisos contraidos por el ministro británico, Mr. Mandeville. Despues de varias conferencias con lord Aberdeen, declaró este oficialmente que el gobierno de la reina no tomaria parte en los negocios del Plata. La Inglaterra (como observa Varela) no conocia entonces sus intereses. Dos años despues se veia forzada á hacer lo que no hizo á instancias de Varela; y así el tiempo vino al fin á dar la razon al comisionado de Montevideo.

Varela ocupó su corta residencia en Inglaterra en visitar los monumentos, los palacios, los museos, los arsenales, y especialmente los establecimientos fabriles que alimentan la industria y el comercio colosal de aquella gran nacion. Estudió las máquinas de vapor con el interés de un mecánico. De todo tomaba prolijas notas en el diario de viaje que llevó sin interrupcion.

Despues de visitar las principales ciudades manufactureras de Inglaterra, pasó á Francia y residió algunas semanas en Paris, donde redobló su actividad para ver las cosas mas notables de este otro emporio de civilizacion y humana grandeza. Su tiempo se dividia entre la necesidad de satisfacer su ilustrada curiosidad, y el deseo de obtener en Francia por la opinion pública, lo que sus esfuerzos no habian alcanzado cerca del gabinete ingles. Con ese fin, se acercó á los principales oradores de la Cámara de Diputados, y particularmente á M. Thiers, cuya estimacion supo captarse. En aquella asamblea, tanto bajo la monarquía, como despues bajo la república, resonaron los elojios de Varela, cuando llegó la ocasion de tratar la cuestion del Plata, y de hacer uso de los datos que él habia facilitado.[2]