Entre los hombres á quienes mas se calumnia en la nota, de haber servido á las miras de la España, como militar, como diputado, como director supremo, se cuenta el Jeneral Puigredon. Prescindamos de que no hay quien ignore en el Rio de la Plata las instigaciones de ese jefe á sus amigos, aun antes de venir él de España, para que promoviesen la revolucion contra la metrópoli: hay, fuera de eso, un hecho de su administracion, un hecho solemne, histórico, que desbarata, por sí solo, todas las calumnias acumuladas en la supuesta nota: hablamos de la insurreccion en la Isla de Leon del ejército español, destinado al Rio de la Plata en 1820. D. Andres Arguibel, ayudado, en mucha parte, por D. Tomas Lezica, ambos de Buenos Aires, fueron los que, por instrucciones del gobierno de Puigredon, y de acuerdo con él, pronunciaron y lograron la insurreccion de aquella expedicion, cuyo arribo habria puesto en muy grande conflicto la causa de la independencia. Los servicios que entonces hizo Arguibel hubieron de conducirle al cadalzo; tuvo que fugar de Cádiz, y refujiarse en Gibraltar, desde donde continuó sirviendo á su pais. Existen autógrafas, en nuestro poder, algunas cartas suyas, escritas desde Gibraltar, despues de aquel suceso, entre las que hay una dirijida á ese mismo D. Ambrosio Lezica, cuya firma aparece al pié de la supuesta nota de la junta todas ellas contienen avisos importantes y reservados sobre los planes de la España contra la América, que le comunicaban desde Cádiz sus ajentes. Arguibel volvió á Buenos Aires, donde justificó todos sus servicios en la insurreccion de la expedicion de Cádiz, para obtener el reembolso dá lo que en ese objeto gastó. Los archivos de Buenos Aires deben encerrar esos documentos. Esos fueron los servicios y conspiraciones en favor de España del gobierno del Directorio: minarle, desde Buenos Aires, sus ejércitos, y sublevarle una expedicion pronta á dar la vela contra el Rio de la Plata.

No terminariamos este artículo—que ya no cabe en las proporciones de nuestro Diario—si hubiésemos de continuar desmintiendo, uno á uno, los hechos que esas notas suponen. Cerraremos esta tarea con uno, que, aunque insignificante en si mismo, suministra una prueba concluyente de que esos documentos fueron forjados despues de la fecha que llevan. En la páj. 24 hablan sus supuestos autores de "la necesidad en que se vén de aplaudir los triunfos del Jeneral San Martin en el Perú, por no ser descubiertos; y mencionan las ventajas adquiridas por él en la actual campaña de Lima". Pues bien, la noticia de los primeros ensayos de los valientes libertadores del Perú, comunicada al Gobierno de Buenos Aires, por el Director de Chile, Jeneral O'Higgins, de cuya nota hemos copiado esas palabras, no llegó á Buenos Aires hasta el 21 de Diciembre, dia en que la publicó un estraordinario de la Gaceta; por lo que se ordenaron fiestas públicas en la capital. La nota en que se dice que se veian forzados á celebrar esos triunfos, es de 6 de Diciembre, 15 dias antes de que se supiesen en Buenos Aires!!... ¿Hay dada de que fué forjada despues de su fecha?—Porque no suponemos que se diga que la nota se refiere á la primer noticia del desembarco de la espedicion en Pisco, recibida á fin de Noviembre; pues ella no comunicaba triunfos ningunos ni ventajas adquiridas en la campaña sobre Lima, ni ocasionó fiestas, ni aplausos públicos; esto solo tuvo lugar á la noticia de los primeros ensayos victoriosos recibida, como hemos dicho, despues de la fecha de la nota.

Está cumplida nuestra tarea. Réstanos ahora esforzarnos porque esta rápida y sencilla defensa de las glorias, y de la moralidad de nuestra revolucion, circule y se reproduzca en todas partes donde puedan haber llegado los documentos con que se queria ennegrecerlas: en eso esperamos ser ayudados por cuantos aman esas glorias y el nombre de su pais.

Noviembre 16 de 1846.


[APUNTES PARA LA HISTORIA FUTURA
DE LA INDEPENDENCIA DE LA AMÉRICA ESPAÑOLA.]

Dificilmente hay en el Rio de la Plata quien no haya oido alguna vez, ó leido escrita, la acusacion fulminada, en épocas diversas, contra algunos de los mas elevados caracteres que iniciaron y dirijieron la revolucion americana, de que, despues de haberla iniciado y dirijido, procuraron hacerla traicion, trabajando por traer, en 1815, al infante de España, D. Francisco de Paula, para coronarle en una seccion de la América. D. Bernardino Rivadavia y sus amigos políticos han sido el blanco principal de esa acusacion—una de las mas insidiosas calumnias que el odio de partido ha levantado, para mejor acreditarla, sobre una basa de verdad desnaturalizándola indignamente. Muchas veces hemos deseado oportunidad de desbaratar esa calumnia, poseyendo, como poseemos, los medios mas completos para hacerlo. El artículo, que hoy rejistramos, del Morning Chronicle de Lóndres, reproducido por el Heraldo[22] en el centro de la que fué metrópoli de la América, nos ofrece la mejor oportunidad posible. Lo que antes era un deseo, cuya satisfaccion podiamos diferir á voluntad nuestra, es ahora un deber cuyo cumplimiento no admite demora. La especie que dió oríjen á la calumnia se resucita ahora en Europa, en los momentos precisamente en que la situacion política del Rio de la Plata está llamando la atencion de los gabinetes y aun de los pueblos de aquella parte del mundo. La oportunidad es favorable á la propagacion del error; es preciso esforzarse por atajar su progreso, propagando la verdad por los medios que están á nuestro alcance.

La negociacion—mas bien, el pensamiento de la negociacion con Cárlos IV, existió realmente, no como dice el escritor del Chronicle, en 1812 ó 1813, sino en 1815. Manejaron ese negocio en Lóndres D. Manuel de Sarratea, hoy ministro de Rosas en aquella misma corte, D. Bernardino Rivadavia, representante de la doctrina mas opuesta á la que Rosas representa; y el jeneral D. Manuel Belgrano, tenido con indisputable justicia, por todos los partidos, como la perfeccion ideal del patriotismo mas desinteresado y mas puro.—Basta nombrar esas tres personas para que desaparezca todo recelo de parcialidad en nosotros; para que todos vean que no tratamos de defender individuos, sino de revindicar la moralidad de la revolucion Americana, cualesquiera que sean los hombres á quienes su conservacion y pureza estaban encomendadas. La relacion que haremos del negocio reposa en la coleccion completa de los documentos á él relativos, que existen en nuestro poder, orijinales, autógrafos, con las firmas de los tres individuos mencionados.

Antes de empezar esa relacion, debemos decir que la publicada en el Chronicle, y reproducida en el Heraldo, es no solo deficiente, sino de todo punto inexacta. El emigrado español, hombre de mucho talento, cuyo nombre calla el escritor ingles, era el Conde de Cabarrus, hijo del personaje de ese nombre, conocido entre las notabilidades literarias de la hermosa época de Cárlos III. El hijo distaba mucho del padre: era, sin duda, hombre de travesura, pero estaba léjos de merecer la clasificacion que de él hace el escritor del Chronicle.

Nombra este, como comisionados del gobierno revolucionario de Buenos Aires, á D. Bernardino Rivadavia y al jeneral Belgrano, callando absolutamente el nombre de D. Manuel de Sarratea. Esta circunstancia es tanto mas notable cuanto que este último fué quien inició el negocio, aun antes que los dos primeros hubiesen llegado á Lóndres; y no es posible dejar de fijarse en la omision de ese nombre, al pensar que Sarratea se halla actualmente en aquella metrópoli, y que el Chronicle es precisamente el papel donde él escribe, en defensa de la política de Rosas, que allí representa.