Dice el escritor ingles que los diputados se hallaban en Lóndres, "solicitando ostensiblemente el reconocimiento por la Inglaterra de la independencia de la República Arjentina". Así se escribe la Historia. En 1815—y mucho ménos en 1813, que es la fecha citada por el Chronicle—ni estaba declarada la independencia de las Provincias Unidas, que se declaró en 1816; ni se habia pronunciado el nombre de República Arjentina en documento ni escrito público ninguno. ¿Como solicitar el reconocimiento de una independencia que no estaba declarada? Despues diremos el oríjen y fines de la mision de los diputados.

El emigrado español—Cabarrus—dijo al escritor del Chronicle que el objeto de la suya cerca de Cárlos IV habia sido invitar al Rey á trasladar su corte á América, residiendo en Méjico. Nada de eso es cierto. El escritor, ó Cabarrus, confunde con el negocio de que se trata, el pensamiento, que algunos españoles tuvieron, de hacer pasar la corte de España al asiento del Imperio de Motezuma: pensamiento muy anterior á la llegada de los Diputados de Buenos Aires á Europa; y en el que estos ninguna parte tuvieron directa ni indirecta.

Inexacta es tambien la relacion que hace el Chronicle de los motivos que frustraron el pensamiento. No fué el miedo de viajar por mar lo que retrajo á Carlos IV; fueron los sucesos militares y políticos que cambiaron totalmente la faz del mundo, concluyendo en Waterloo con el Imperio Francés.

Entremos ya en el asunto.

En 1814, Fernando VII, en cuyo nombre decia obrar el gobierno de las Provincias Unidas del Rio de la Plata, habia vuelto de su cautiverio en Bayona, y ocupado nuevamente el trono de España. Los soberanos de Europa—inclusa la Inglaterra, que, al principio de la revolucion, se habia mostrado favorable á ella, por motivos y con miras que no es del caso referir—apoyaban unánimes al rey Fernando en sus cuestiones con la América, á cuya causa eran hostiles. Lord Strangford, plenipotenciario británico en el Janeiro, habia ganado el aprecio y aun la confianza del gobierno de Buenos Aires, por los servicios que le habia hecho, en desbaratar las intrigas de la princesa Carlota. La toma de Montevideo, en 1814, sirvió de pretexto al diplomático ingles, para escribir al Supremo Director Posadas, insinuándole la conveniencia de enviar diputados al Rey Fernando, para arreglar las desavenencias de la América con su metrópoli. El Director prometió hacerlo, en nota de 12 de Setiembre de ese año, advirtiendo sin embargo á Strangford que:

"Los pueblos de la Union habian peleado por sus derechos: que ellos no habian sido los primeros en entrar en la lucha, pero no podian verla concluir, sin conseguir su libertad."

La vuelta de Fernando al trono quitaba efectivamente el pretexto de la revolucion, y del establecimiento del gobierno que la representaba. Era necesario adoptar un partido: el gobierno de Buenos Aires se resolvió á mandar una mision á Europa: no precisamente á España, sino á cualquiera de los gabinetes, que, segun el estado en que las cosas se hallasen en aquella parte del mundo, ofreciese mas probabilidad de apoyar eficazmente el establecimiento de la independencia, de modo que la afianzase y terminase la guerra. El espíritu de esa mision aparece todo entero de las instrucciones, tanto ostensibles como reservadas que se dieron á los comisionados. Las públicas solo eran referentes á la España: nada determinado expresaban: se les encargaba presentar al Rey las quejas de la América contra la opresion y los vicios de los virreyes; y oir proposiciones, en el concepto de que cualquier arreglo que se hiciera deberia tener dos bases esenciales: "dejar en los americanos la garantia de la seguridad de lo que se estipulase;" y presentar lo pactado al exámen de las provincias "en Asamblea de sus Representantes." Las instrucciones reservadas decian en su artículo 2.°

"Tendrá muy presente [el Diputado] en el desempeño de la comision, que las miras del gobierno, sea cual fuere el estado de la España, solo tienen por objeto la independencia política de este Continente, ó á lo ménos la libertad civil de estas Provincias."

En 1814 ni estaba, como ya dijimos, declarada la independencia, ni se habia adoptado, por consiguiente, forma ninguna de gobierno. Estos paises aparecian todavia, de derecho, como parte de la monarquía Española: no era posible, por consiguiente, que la mision llevase un carácter republicano. Por otra parte, la opinion entonces, como otra vez lo hemos expuesto, estaba todavia dividida: habia muchos hombres, de intachable patriotismo, que deseaban la Monarquia Constitucional. El sentimiento era uniforme en cuanto á la independencia: en cuanto á la forma de Gobierno todavia no. La mision era toda, pues, en el concepto de asegurar la independencia de la América, estableciendo monarquias constitucionales; con un principe español, si se podia; con uno ingles, ó de otra casa poderosa, si la España insistia, dicen las instrucciones, en la dependencia servil de estas provincias. No discutimos ahora si ese pensamiento era entonces útil y realizable. Seria preciso, para eso, trazar un cuadro general de la situacion de la América y de la Europa en aquellos dias: esa es tarea del historiador. La nuestra hoy solo es establecer el hecho de que el pensamiento no tenia sombra de traicion á la causa de la revolucion. Era un pensamiento honesto, lejítimo, patriótico, aun cuando fuese equivocado.

Tal era la mision que el Director Posadas confió á D. Bernardino Rivadia adjuntándole el jeneral Belgrano, que fué con él, y D. Manuel Sarratea, que estaba de antemano en Lóndres.