que el mundo había desaparecido para mí
que estaba aislado en medio de mis pesadumbres,
luchando con la propia existencia.
240.
Mi cruel tormento despreció
la tranquilizadora voz de mi maestro,
ni las lágrimas de los condolidos camaradas
mitigaron el dolor que cabalgaba sobre mis hombros.
241.
Desacató los dictados de la justicia