de los atropellados y traicioneros pasos?

284.

¿No era tu razón, puesto en trance

de claudicar en medio de las tentaciones:

que tu honradez era, con mucho,

superior a carecer de hermosura y brillo?

285.

¿Era todavía esto ineficaz para atajar

tu inconsistencia y perversa inclinación?

Cual culmine en grandeza,