Casi no hay escritor u orador que no cite líneas del poema para ornar con relicario de oro sus escritos y discursos. Y es que en el Florante, dice Macario Adriático, "llora un corazón noble con el profundo y delicado sentimentalismo de nuestra raza.... En él cada dolor tiene su rima; una estrofa cada gemido de un pueblo desventurado, una doctrina el padre y enseñanza el hijo de familia. Y, en estos aciagos días para la patria (1901), el Florante nos ofrece una fiel descripción de los cuadros sociales y políticos, en tal forma que podremos decir que el autor había previsto desde hace medio siglo nuestra actual desventura.... Con un acento vigoroso y una dicción incomparable ya nos decía que en este pícaro mundo la iniquidad y la infamia llegan a sentarse en el trono de la injusticia para condenar a la virtud o ahogar el mérito, así como para ensalzar la traición y recompensar el crimen".
Mentamos la imposibilidad de una versión del poema en cualquier otra lengua. Y es que la mejor traducción, y más, en prosa, nunca reflejaría la hermosura real del original. La reducción, aun tratándose de un mismo idioma, a prosa, del dialecto poético, vuelve hiperbólico, manido y hasta grosero cuanto en verso es gracia, elegancia y originalidad. El traductor de buena fe hace a este propósito, inconscientemente lo que conscientemente hizo Voltaire a Corneille. "A cada momento, según Saint-Beuve, dice de Corneille que carece de gracia, elegancia, y claridad; mide, pluma en mano, la altura de las metáforas y, cuando las encuentra mayores que su medida, las llama gigantescas; pone en prosa las frases altivas y sonoras que tan bien parecen en los labios de los héroes y se pregunta si ésto es escribir y hablar francés". Llama groseramente solecismo a lo que debe calificarse de idiotismo, a lo que falta tan completamente en la lengua estrecha, simétrica, a la francesa, del siglo XVIII. Recuérdense los magníficos versos de la Epístola en que Corneille se glorifica después del triunfo del Cid. Voltaire ha osado decir de esta hermosa epístola: Parece escrita enteramente en el estilo de Regnier, sin gracia, sin elegancia, sin imaginación; pero se ve en ella facilidad y candidez. Comentario soberanamente injusto y revelador de una grande ignorancia de los verdaderos orígenes de la lengua francesa, dice el crítico citado, porque "el estilo de Corneille con todas sus negligencias es para nosotros el más hermoso estilo del siglo de Moliere y de Bossuet". Y ésto se dice de Voltaire, hombre de letras y poeta, al fin, de gusto refinadísimo, y "extraordinario hijo de las Delicias" según Diderot.
Los matices unidos a ciertos nombres, epítetos, giros idiomáticos y hasta a ciertas dicciones, según la colocación de las mismas en el discurso, desaparecen todas en una versión. Aquella hermosura secreta que Rizal sentía en la contemplación de nuestras cascadas y que no sentía con la vista del Niágara, ni de las alpinas, y que siente todo filipino en la lectura del Florante, es la que desaparece en la versión o desaparecerá, sea cual fuere, sin exceptuar la nuestra.
A sabiendas, pues, de la dificultad ya expuesta, hemos hecho la versión directa e íntegra del poema en prosa, únicamente para obedecer a un deber sagrado de información literaria, y para dar una ligerísima idea del contenido del poema a los desconocedores del tagalo, y provocar en ellos el estudio del mismo, para que puedan disfrutar directamente de las bellezas del poema, cual hicieron Rost, Kern, Meyer y Blumentritt, a instigaciones de Rizal, y los seglares y misioneros españoles, por propio o ajeno impulso.
Que sepamos, sólo existe una traducción completa inédita, hecha por Alejo Custodio a encargo de Barrantes; Rafael del Pan tradujo el poema en tercetos castellanos, y Rafael Palma en prosa, pero estas versiones rafaelinas se extraviaron. Traducciones parciales las hay en abundancia. Fr. Toribio Minguella tradujo, por vía de muestra, los cuatro primeros cuartetos del poema[[42]]; Rafael Palma, los cuartetos 15, 16, 17, 18, 148, 149 y 150[[43]]. T.M. Kalaw aprovecha y amplía los tres últimos cuartetos traducidos por Palma y traduce, además, los versos últimos del cuarteto 285[[44]]. Rizal, como se ha dicho por excepción, tradujo los tres versos del cuarteto 200[[45]], y finalmente el poeta Manuel Bernabé tradujo en verso toda la dedicatoria A Celia: 88 versos en conjunto[[46]].
Nuestra versión es casi literal, sin más libertad de nuestra parte que aquella necesaria para que la versión pueda leerse íntegra, con el menor número posible de hiperbatones, menores atragantamientos de sintaxis, giros idiomáticos y ayuntamientos impropios de palabras y frases. Enumeramos las estrofas y ajustamos la versión de manera que cada línea de prosa sea no más que la traducción del verso correspondiente, y donde fue posible, traduciendo palabra por palabra, epíteto por epíteto, teniendo por pauta conservar el sentido genuino del original.
Hemos querido reflejar también, tal vez con poca fortuna, cierta característica muy elegante del tagalo, pero que en castellano se vuelve obscura, vaga y hasta arbitraria de sintaxis, es a saber: el tránsito continuo y rápido de construcciones en singular y en segunda persona, a plural y tercera o impersonal, y que en tagalo se extiende a las simples dicciones castellanas tagalizadas. No se dice en tagalo, por ejemplo, "tu voz, la sala de tu casa, la vara de justicia", etc., sino voces, salas y varas. Dentro del hogar mismo y en la mayor familiaridad, la cortesía tagala impide que marido y mujer, hablando entre sí, se llamen por sus propios nombres, o por sus apodos. "Pase V. primero; adiós, o me despido de V.", en tagalo se pluralizan e impersonalizan los apelativos, manteniéndose el verbo en singular, así magdaan pô muna silá (ellos, ellas); paalam na pô sa kanilá (ellos, ellas). Véase el cuarteto 285. Florante apostrofa a Laura, y la dice:
¿Era todavía ésto ineficaz para atajar
tu inconsistencia y perversa inclinación?