Mas ¿quién penetrará

tus inefables misterios, Dios omnipotente?

Nada será en la costra de la tierra

que a bien no fuera tu designio.

25.

¡Ay, dónde ahora acudiré!

¡Dónde echaré mis lágrimas,

si hoy el cielo ya se niega a oir

el grito de mi doliente voz!

26.