ya estaba a tu vista, y todavía el miedo te sobrecogía.

50.

Todo tu temor era que me hiriesen,

nada creías que antes no vieras,

y si revelaba la piel leve rasguño,

lo lavabas con tus lágrimas.

51.

Cuando guardaba algún pesar,

al punto inquirías su motivo,

y, hasta que lo conseguías, ibas besando