lava la sangre que brota de las huellas de la atadura
de mis manos, pies y cuello.
58.
Vente, amor mío, y cata mi ropa,
en la que no querías manchas de herrumbre;
desata la cuerda y remúdame,
para que hallen lenitivo mis aflicciones.
59.
Fija los ojos
en mi traza, echadero de amarguras,