en lo que fue tu amor y tus filiales complacencias,

la angustia asaetea

la lágrima del corazón que de los ojos fluye.

96.

No tienes segundo como padre en la tierra,

en el mimar al hijo que acaricia en su regazo,

por mínima la aflicción que se me asome en el rostro,

tu misericordia, a seguida, te hace derramar lágrimas.

97.