111.

Nada puedo contar ya, mis lágrimas corren,

enmudece mi narradora lengua;

mi corazón sintió fatiga por piedad suma

del mísero bloqueado por las torturas.

112.

¿Qué alma sensible no se dolería

de la precaria situación del maniatado,

asiento de pesares, y todavía viendo

a los que a su carne y huesos deshebrarían?