113.

Creyendo, pues, este colmo de amargura

que su vida ya había traspuesto la raya,

sintió fiebre en el corazón, y perdió la voz,

que casi eran ininteligibles estos gemidos:

114.

Adiós, Albania, patria

de pérfidos y crueles, feroces y embaidores,

yo, tu salvador, a quien diste muerte,

siento por tí infinita misericordia.