142.

Conturbadísimo estaba su ánimo,

pero se serenó cuando pareció moverse

el que tenía en su regazo, tan alicaído,

despertándosele la vida en letargo.

143.

La cabeza abatida, abrió los ojos,

un suspiro fue su primer saludo a la claridad,

seguido de un gemido que ponía lástima:

¿dónde estás, Laura, en este trance?