«Nos habiamos alejado como un cuarto de legua cuando fatigado de correr delante del caballo, dí un traspié y caí; apénas dí en tierra dos perros ó dos fieras que nos seguian se me echaron encima».........

No quisiéramos continuar copiando este pasage: es demasiado repugnante, y la misma sencillez del narrador lo hace más monstruoso: el esclavo fué llevado al ingenio, donde ya varias veces habia ido á estacion semejante, y despues de varios dias consecutivos de bárbaro castigo,[33] tras el cual se le preguntaba por el capon, cuando ya su enfermo cuerpo estaba á punto de sucumbir al rigor del desalmado Dominguez, se descubrió...... ¡que era inocente! ¡el capon no habia sido enviado! ¡Oh, cuántas veces monstruosidad idéntica habrá tenido lugar en nuestros campos de Cuba!

Triste es pensar que en este siglo de ilustracion, en que tanto se preconizan los sacrosantos dogmas de igualdad y justicia, no tengamos que remontarnos hasta los tiempos de Fedro para ver el cuadro de la inteligencia aherrojada y víctima de la abyeccion social, y es más triste pensar, cuántos como él, genios que pudieran haber sido honra de la patria, habrán desaparecido ahogados en la ignominia, sin tener ocasion de patentizar que se ocultaba en ellos dignidad de hombre y alma de poeta!

Hé aquí por qué nos hemos conmovido en lo más íntimo del alma, cuando despues de leer algunas otras de las dolorosas escenas de su vida, encontramos lo que ya esperábamos, que comienza á quebrantarse su fé, y á evaporarse su esperanza, «esa antorcha providencial que nunca se apaga del todo» y que es el único consuelo de los desamparados: hé aquí por qué no contenemos nuestras lágrimas cuando la inofensiva víctima «á quien nadie valia,» «que comia poco y casi siempre llorando» sin proteccion ni amigos, oprimido por la sociedad, considerado como un animal doméstico, en un arranque de infinita angustia esclama:

—«¡Mi corazon no era bueno! ¡y la Habana juntamente con los felices dias estaban impresos en mi alma, y yo solo deseaba volverme á ella!».....

Es decir que el angustiado siervo todo lo que deseaba, todo lo que pedia á su destino, era ir á la Habana á servir á otro sin remuneracion, pero libre de los frecuentes castigos de la finca[34]. En verdad nos temíamos algo más grave, temíamos que lo que deseara fuera vengarse ó morir maldiciendo: nos alegramos empero que no fuera así; es más grande en su resignacion aunque sea así su historia más afrentosa para todos nosotros.

Y cuando se esfuerza en hacer versos esclama con no ménos abatimiento. «Pero yo criado en la oscuridad y en la ignorancia ¿qué podia saber?

Veámosle ahora recojiendo por los suelos el alimento intelectual como recoje un perro el sustento material.

«Por esta época escribia muchos cuadernos de décimas que vendia (están en Matanzas) y Arriaza á quien tenia en la memoria era mi guía...... La poesía quiere un objeto á que dedicarse: el amor regularmente nos inspira; pero yo era demasiado ignorante, y todavía no amaba, por lo tanto mis versos eran frias imitaciones; y si no me salian algunos muy malos es menester atribuirlos á la estremada aficion que tuve desde bien chico á leer cuanto topaba leible en mi idioma, aunque fuera por las calles; y así en yendo por aquellas, donde veia un pedacito de papel impreso lo alzaba, y como estuviese en verso no paraba hasta sabermelo todo de memoria.»

Y poco más adelante dice: