El mas vecino, y poderoso enemigo era Angelo, Príncipe de los Blacos, y el Emperador Andronico que como Príncipe Griego aborrecia el nombre latino, y queria hechar de su Estado al Duque, y á los demas Franceses que le seguían.

El Despota de Larta, llamada de los antiguos Andracia, tambien le apretaba con sus armas. Contra los de estos tres enemigos, que aun divididos eran poderosos, comenzó la guerra el Duque, y fué tan dichoso en ella, que no solamente reprimió la furia y rigor de sus enemigos, y defendió su Estado, pero tambien cobró treinta fuerzas que le habian usurpado.

Últimamente se trataron y concluyeron paces con todos, pero se hicieron muy aventajadas por parte del Duque. Todos los sucesos de esta guerra que los Catalanes tuvieron con los enemigos del Duque, no hay Historiador que lo refiera sino solo por mayor, ni ha quedado memoria ni papel alguno de donde se pudieran sacar algo que ilustrára estos sucesos, que fueron sin duda muy notables, porque los enemigos con que se hizo eran poderosos en número, y valor.

Gran desdicha de nuestra nacion, que haya enterrado el silencio hechos tan memorables, que pudieran perpetuar su estimacion en los siglos venideros.

CAPITULO LXIV.

Despide el Duque con suma ingratitud á los Catalanes que le habian servido sin quererles pagar, con que los unos y los otros se previenen para la guerra.

Luego que el Duque se vió absoluto y pacifico señor de su estado, no trató de cumplir su palabra, pagando lo que habia ofrecido á los nuestros quando los llamó á su servicio, antes bien tratándoles con poca estimacion, les fué maquinando su ruina: cosa al parecer imposible, olvidarse de tan reciente y señalado beneficio, como fué restituirle en su Estado, y reprimir tan poderosos enemigos.

Admiró extrañamente esta novedad, y mudanza á los Catalanes, y Aragoneses, que esperaban de su mano vivir de allí adelante con honra y comodidad; porque como el Duque se criára en Sicilia, en el Castillo de Agosta, mostraba aficion á los Catalanes, y hablaba su lengua como si fuera natural y propia suya.

Quedaron suspensos de velle, tan trocado, quando mas prendas y obligaciones corrian. La traza que tuvo el Duque para librarse de las descomodidades que la gente de guerra pudiera causar en su Estado pacifico, fué la siguiente.

Entresacó de nuestro exército doscientos soldados de á caballo los de mayor servicio y partes, y trescientos infantes, y repartió entre todos ellos algunas haciendas con harta moderacion por todo su Estado. Quedaron estos contentísimos, y los demas tambien esperando de que el Duque habia de usar de la misma liberalidad con ellos. Pero al tiempo que creyeron ver cumplidas sus esperanzas, les mandó el Duque que dentro de un breve plazo se saliesen de su Estado, y que quando no le obedeciese los trataria como á rebeldes, y enemigos.